En muchísimas ocasiones el cliente se refiere al trabajo que hacemos con el adjetivo “¡Qué bonito!”, y en demasiadas situaciones se olvidan del lado más funcional del diseño, el cual, es para nosotras el más importante, el que diferencia al diseño de otras disciplinas visuales.
El concepto de diseño está ligado al verbo designar, significa denominar, nombrar, representar algo con una palabra o símbolo, y precisamente es eso lo que hace el diseño, traslada códigos lingüísticos a códigos gráficos. Convierte el lenguaje verbal en lenguaje visual.
Destacamos la cara funcional del diseño porque es la que marca las directrices a la forma, es decir, la estética estará siempre supeditada a la función de ese diseño, al objetivo de comunicación de ese elemento visual.

Imagen y palabra,
estética y función unidos,
hacen que el diseño gráfico 
sea lo que es,
un medio para comunicar.

El diseño, por tanto, parte de una intención comunicativa. Para ello, el diseñador deberá solventar numerosos problemas para que este propósito pueda cumplirse. Podríamos decir que el diseñador es un solucionador de problemas, ya sea del ámbito que sea. Tanto el diseñador de interiores, como el de producto o, en nuestro caso, el gráfico deberá hacer que su objeto de trabajo sea cómodo y funcional para el usuario o receptor, deberá cumplir requisitos de producción, principios de usabilidad y a la vez conseguir que el objeto sea atractivo. En el caso de los diseñadores gráficos debemos hacer que el mensaje llegue de la forma más directa y efectiva al receptor.

Así, cuando nuestro trabajo está bien desarrollado es invisible a los ojos del receptor, el buen diseño es el que no se ve, el que permite que sea el mensaje el que destaque sobre el resto de elementos. Nuestro trabajo es ser enfatizadores de mensajes. Cuando el diseño predomina sobre el mensaje, no se trata de un buen diseño, ya que antepone la estética a la función. Una forma visual carente de contenido no es una forma diseñada.
Es necesario comprender que el Diseño no se refiere a la expresión material de formas visuales sino al proceso necesario para obtener el mensaje. No es la expresión final, sino el proceso de elaboración y la planificación mediante el cual el diseñador traduce un propósito en un mensaje o producto.
¿Cómo consigue el diseñador su objetivo? ¿Qué principios básicos debe seguir para solucionar los problemas de comunicación? ¿Qué características debe tener un buen proyecto?
Para empezar, debe cumplir la máxima “menos es más”, ha de ser simple, debe condensar en una imagen muy sencilla la totalidad del mensaje a comunicar, utilizando el menor número de recursos y elementos. En segundo lugar debe ser coherente con el mensaje, con el tipo de público al que se dirige y  con el entorno en el que se sitúa. Finalmente, debe ser un elemento de cohesión, debe unificar la imagen de la marca a la que representa.
El diseño además de facilitar la legibilidad del mensaje debe aportar visibilidad. Debe añadir valor a ese elemento comunicativo, consiguiendo que destaque, que lo diferencie del resto, es ahí donde cobra gran relevancia el aspecto estético de esta disciplina.

 

Diseñar es transformar las cosas en signos:
dotarlas de significancia.
Nuestro peor enemigo es la insignificancia.

[Pepe Cruz Novillo]

 

Para terminar, debemos tener en cuenta que los códigos utilizados en el mensaje deben ser compartidos por su destinatario y estar pensados en función al mismo, puesto que el sentido surge en la mente del receptor. Por tanto, el elemento gráfico diseñado por sí solo no constituye la totalidad del mensaje, necesita de la intervención e interpretación por parte del receptor.

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